¿QUÉ ES UNA ADICCIÓN?

Es una dependencia incontrolable a una sustancia (alcohol, drogas, alimentos, etc.), adicción al juego, al teléfono, redes sociales, a una persona.
Se considera enfermedad porque el consumidor no tiene registro de la gravedad, minimiza las consecuencias y se vuelve dependiente, para evitar la abstinencia que surge por la falta. La dependencia hace que la persona ponga excesivo interés en el objetivo, en ocasiones distorsionando su vida cotidiana.
Algunos adictos, por su mal estado físico no pueden asistir a su trabajo. Llevan certificados médicos con diagnóstico falso, para no revelar la problemática. Cuando las ausencias laborales se repiten, se releva la verdad. Pone en riesgo su economía, el vínculo con su familia y consigo mismo.
El adicto se autoengaña diciéndose que es ocasional. Este mensaje se lo manifiesta a su entorno, convirtiéndose en una de las tantas mentiras, para negar la situación y sostener el goce (por ejemplo, sentirse lleno y completo con otra persona, aunque el amor no sea correspondido, o con alimentos).
Se vuelve un círculo vicioso de mentiras, para escapar del problema y surge la frustración, aniquilando el sentimiento de yo puedo. Descubrir que la persona adicta no puede consigo misma y está en peligro a diario, es un dolor para el padeciente, revela su fragilidad emocional, aunque muestre lo contrario. Cuando el paciente se anima a hablar del tema, es porque hace demasiado tiempo que viene ocultando lo que sucede, no es reciente, aunque diga lo contrario.
Asumir la enfermedad es un gran paso, es necesario de la colaboración familiar y de personas cercanas al enfermo. Solo no puede, es importante asistencia urgente con profesionales capacitados en el tema adicciones.
El adicto sostiene un discurso de conquista “yo voy a salir adelante, porque te amo, porque amo a mi hijo”. Pero lamentablemente no es suficiente este amor hacia el otro, que es real. Hay una ausencia de amor propio, de cuidado hacia sí mismo. El psicólogo trabaja construyendo autoestima, valor para enfrentar la realidad, aunque parezca destructiva, brinda contención al desborde emocional.
Algunos adictos, por su mal estado físico no pueden asistir a su trabajo. Llevan certificados médicos con diagnóstico falso, para no revelar la problemática. Cuando las ausencias laborales se repiten, se releva la verdad. Pone en riesgo su economía, el vínculo con su familia y consigo mismo.
El adicto se autoengaña diciéndose que es ocasional. Este mensaje se lo manifiesta a su entorno, convirtiéndose en una de las tantas mentiras, para negar la situación y sostener el goce (por ejemplo, sentirse lleno y completo con otra persona, aunque el amor no sea correspondido, o con alimentos).
Se vuelve un círculo vicioso de mentiras, para escapar del problema y surge la frustración, aniquilando el sentimiento de yo puedo. Descubrir que la persona adicta no puede consigo misma y está en peligro a diario, es un dolor para el padeciente, revela su fragilidad emocional, aunque muestre lo contrario. Cuando el paciente se anima a hablar del tema, es porque hace demasiado tiempo que viene ocultando lo que sucede, no es reciente, aunque diga lo contrario.
Asumir la enfermedad es un gran paso, es necesario de la colaboración familiar y de personas cercanas al enfermo. Solo no puede, es importante asistencia urgente con profesionales capacitados en el tema adicciones.
El adicto sostiene un discurso de conquista “yo voy a salir adelante, porque te amo, porque amo a mi hijo”. Pero lamentablemente no es suficiente este amor hacia el otro, que es real. Hay una ausencia de amor propio, de cuidado hacia sí mismo. El psicólogo trabaja construyendo autoestima, valor para enfrentar la realidad, aunque parezca destructiva, brinda contención al desborde emocional.
El adicto debe construir amor a sí mismo, para quererse y cuidarse.
María Florencia Rubiolo | Lic. en Psicología - M.P.: 6130

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